LA CORAL SANTA MARIA DE CASTRO URDIALES VIAJA A AVILES PARA PARTICIPAR EN EL XXIX ENCUENTRO CORAL DE HABANERAS
DESPUÉS DE MÁS DE 2 AÑOS DE INACTIVIDAD TOTAL DEBIDO A LA PANDEMIA, LA CORAL SANTA MARIA DE CASTRO URDIALES RETOMA NUEVAMENTE SU ACTIVIDAD CON UN CONCIERTO A NIVEL NACIONAL EN EL XXIX ENCUENTRO CORAL DE HABANERAS EN AVILÉS.
La Agrupación Coral Santa María de Castro-Urdiales, bajo la Dirección de Begoña Goikoetxea Biguri, participará en el “XXIX Encuentro Coral de Habaneras de Avilés” que tendrá lugar el domingo 17 y el lunes 18 de abril, a las 20 horas, en el Auditorio de la Casa de la Cultura de Aviles.
El Encuentro Coral de Habaneras reunirá en Avilés a ocho agrupaciones Corales de Asturias, Cantabria, A Coruña y País Vasco francés.
El festival se celebrará el Domingo y el Lunes de Pascua en la Casa de Cultura. Un total de ocho coros y alrededor de trescientos cantantes participarán en el XXIX Encuentro Coral de Habaneras Avilés 2022, en el marco de las fiestas del Bollo.
Estas son las ocho agrupaciones participantes:
Coro Elgarrekin de Hasparren (Francia)
Coral Polifónica Piloñesa
Agrupación Coral Santa María. Castro Urdiales (Cantabria)
Agrupación Artística Ferrolana "Bohemios" (A Coruña)
Asociación Coral Avilesina
Coral Polifónica San Félix, Lugones
La Rechalda
Agrupación Polifónica Centro Asturiano
El evento fue presentado esta semana por Yolanda Alonso, concejala de Cultura y promoción de Ciudad, y Felipe Arabia, secretario de la Agrupación Polifónica del Centro Asturiano, anfitriona y organizadora del Encuentro.
Yolanda Alonso hizo referencia a la tradición de las corales y las habaneras en la ciudad. "Responde al espíritu cultural de Avilés, que tiene una gran tradición musical y especialmente con las corales. Es una de las citas obligatorias de la programación de las Fiestas de El Bollo", señaló.
También ensalzaron la fidelidad del público hacia este género coral y la experiencia y amplio repertorio de los coros que participan en la muestra.
EL AYUNTAMIENTO DE CASTRO URDIALES ACEPTA LA REHABILITACIÓN DE UNA CASA EN SONABIA EN SUELO DE ESPECIAL PROTECCIÓN ECOLÓGICA
A PESAR DE LA CAMPAÑA INICIADA POR EL GRUPO ECOLOGISTA SEO BIRDLIFE SIGUIENDO LOS ACUERDOS DE CUSTODIA DEL TERRITORIO, EL BOLETÍN OFICIAL DE CANTABRIA HA PUBLICADO HOY EL ANUNCIO DE SOLICITUD DE AUTORIZACIÓN PARA LAS OBRAS DE UN PROYECTO DE VIVIENDA UNIFAMILIAR EN SONABIA EN SUELO NO URBANIZABLE DE ESPECIAL PROTECCIÓN ECOLÓGICA Y ASÍ PODER HACER ALEGACIONES CON UN PERIODO DE 20 DÍAS.
EL EXPEDIENTE ESTÁ EN EXPOSICIÓN PÚBLICA EN LA PÁGINA WEB MUNICIPAL.
El informe del arquitecto municipal dice que las parcelas donde se pretende desarrollar el proyecto presentado están clasificadas como Suelo No Urbanizable de Especial Protección Ecológica (SNU-EPE), según el PGOU de Castro Urdiales.
La parcela está afectada por la servidumbre de protección del dominio publico marítimo-terrestre.
En la parcela con ref. catastral 39020A001004020000JE se ubica una edificación denominada popularmente como la Casa de los Carabineros, construida en 1917, de dos plantas de 117 m2 cada
una. Además de esta edificación destinada originariamente a vivienda existe sobre el solar una serie de construcciones que estuvieron destinadas a un antiguo cargadero de mineral, balsas de lavadero de mineral y cimentaciones del cable de un antiguo teleférico.
Dice el técnico municipal que se trata de la rehabilitación de una casa y su entorno que de manera inexplicable no se encuentra incluída en el Catálogo de Protección del Patrimonio Arquitectónico del PGOU de Castro Urdiales, es de gran interés histórico-arquitectónico para el municipio.
Bueno pues ya vemos que a pesar de la campaña por la cutodia del territorio, y que la parcela sea rústica de especial protección ecológica, y que evidentemente tanto la casa como el entorno deberían haber estado protegidos por el Patrimonio Arquitectónico por pertenecer a terrenos mineros, sí hay un proyecto de obra de "rehabilitación" se puede tener una casita en Sonabia en suelo SNU-EPE.
LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA COLECTIVA DE CANTABRIA SE ACUERDA DE LA GENTE DE LA MAR
"DESMEMORIADOS", LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMOERIA COLECTIVA DE CANTABRIA PUBLICÓ AYER UN ARTÍCULO INTERESANTE SOBRE LA GENTE DE LA MAR.
Durante siglos, muchos de los habitantes de la costa de nuestra región han encontrado en el mar no solo una forma de vida sino también una cultura común que se extiende por todo el Cantábrico. Desde Burela hasta San Juan de Luz, las distintas costeras han marcado la vida cotidiana y las faenas en tierra de los trabajadores de la mar. La reparación de las redes, la preparación del cebo, la puesta a punto de las embarcaciones en los astilleros, el trabajo en las fábricas de conservas, etc. son entre otras muchas las obligaciones y tareas que han llevado y llevan a cabo los hombres y mujeres ligados a la pesca en las villas de la costa.
Las duras condiciones laborales, el establecimiento de cuotas en las capturas y una política en la que los pueblos marineros forman parte del paquete vacacional de sol y playa, pueden ser algunas de las razones que ayudan a explicar el declive de este sector desde los años 60 del siglo pasado. Así y todo, las pesquerías y sus gentes constituyen una parte importantísima de la realidad de nuestra región y por este motivo Desmemoriados quiere con este artículo acercarse a sus protagonistas, centrándose en testimonios orales recogidos en Castro-Urdiales, Santander, Santoña y Laredo.
Históricamente la tradición familiar, la cercanía a los armadores y el haber crecido entre aparejos era la principal razón por la que los chavalucos del barrio se enrolaban en los pesqueros siendo adolescentes, dando comienzo a una vida marcada por las mareas a bordo de barcos donde podían juntarse hasta más de 20 marineros que compartían trabajo y sollado durante semanas, estando siempre sujetos al estado de la mar y al volumen de las capturas. Pese a estas condiciones laborales tan duras, todos los entrevistados dicen que la vida a bordo era bastante sociable.
En cuanto a las condiciones económicas del marinero se establecía de la siguiente manera: el “monte” o beneficio final conseguido por la pesca se repartía en distintos lotes, denominados soldadas, teniendo cada tripulante estipulado con su armador las partes que le correspondían sobre el monto final; este era su sueldo que, una vez entregado en casa, era administrado por su mujer y por eso hablan de la existencia de un “matriarcado” doméstico, aunque había una muy pequeña porción que se entregaba directamente al pescador para su tabaco, su chiquiteo o sus cafés y eran los denominados amusquis que escapaban al control familiar.
En cuanto los gastos a bordo, la empresa pagaba el combustible, los víveres eran comprados por la tripulación y la cotización a la Seguridad Social salía en parte del bolsillo del pescador y en parte de los gastos generales del buque.
Otro aspecto a destacar, era la relación con otros puertos cantábricos donde podían entrar de arribada, búsqueda de un refugio seguro frente al temporal marítimo, o para descargar y subastar la pesca en otra lonja. Es opinión unánime que la flota vasca gozaba de mejores condiciones tecnológicas que la cántabra y que incluso la consideración social de los “arrantzales” (pescadores en euskera) era más alta en el País Vasco que en Cantabria, pero en general la relación con otros barcos de la flota pesquera siempre ha sido cercana y fructífera.
En los últimos tiempos, el número de barcos se ha reducido considerablemente y son menos los jóvenes dispuestos a embarcarse pese a la mejora de las condiciones de habitabilidad de los pesqueros, la utilización de modernos sistemas de localización de bancos de pesca y el uso de medios de seguridad impensables hace 40 años. La carencia de jóvenes se está solventando, principalmente, con la contratación de pescadores senegaleses y peruanos por parte de los armadores. Estos eran y son esenciales para el mantenimiento de un barco y sus responsabilidades son múltiples: contar con una tripulación apropiada, disponer de los permisos necesarios, garantizar que el buque esté operativo y en muchos casos ejercer como patrones en el propio barco. Estos son los armadores de mar, nacidos y crecidos en ambientes marineros y diferentes de los armadores de tierra con una formación, generalmente más empresarial.
El papel de las mujeres no se limita al hogar; su trabajo en las fábricas de conservas o como rederas es fundamental, copando absolutamente estos puestos de trabajo salvo en los niveles directivos que en su mayoría siguen siendo masculinos.
Cuando las primeras factorías procedentes de Italia se instalan en nuestra costa, la mano de obra femenina va a ser la fuerza motriz de las mismas. Su labor de limpieza y descabezamiento en jornadas de diez horas diarias, de lunes a sábado y sobre un suelo de hormigón sin poder moverse de su sitio, eran las durísimas condiciones laborales en las que llevaban a cabo su trabajo. Afortunadamente, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX las circunstancias han ido mejorando, los horarios se van reduciendo, la jornada partida se consolida y en algunas conserveras se van creando espacios para que los hijos pequeños de las obreras puedan estar cerca de sus madres. Hay que tener en cuenta que muchas de las parejas de estas obreras faenaban a bordo de los pesqueros y que en las fábricas podían trabajar madre e hijas. Pese a su mejora en el ámbito laboral, recientemente hemos podido ver las movilizaciones llevadas a cabo por las trabajadoras pidiendo mejores condiciones salariales.
En cuanto a las rederas, podemos señalar que es un oficio tan tradicional como necesario, desempeñado por mujeres que lo aprenden de sus madres y abuelas y centradas en las artes de cerco. Su misión es esencial para los pesqueros que faenan en las costeras por lo que es una labor sujeta a una gran temporalidad y que exige un importante esfuerzo físico donde las lesiones de espalda y cuello son frecuentes. Laboralmente cotizan como autónomas, y al igual que los hombres de la mar luchan para que la Seguridad Social las reconozca un coeficiente reductor que las permita jubilarse antes. Actualmente están agrupadas en una asociación que abarca todo el Cantábrico y que entre sus fines está el enseñar esta difícil profesión las nuevas generaciones y evitar su desaparición.
Para finalizar, hay que citar a las Cofradías que con más de seis siglos de historia se formaron como entidades de economía social que organizaban y ordenaban el oficio, controlaban las capturas y los períodos de pesca de bajura, artesanal y marisqueo teniendo también funciones jurisdiccionales y de asistencia social, especialmente a las mujeres en caso de viudedad y a los huérfanos. Su estructura era piramidal y compuesta por hombres. En Cantabria su presencia en Castro, Laredo, Santoña, Santander y San Vicente de la Barquera ha tenido mucha importancia. En la legislación actual se definen como corporaciones de derecho público que representan los intereses económicos de armadores y trabajadores.
Y por último, queremos agradecer a Magdalena Brígido, Vicente Fresnedo, Javier Garay, Carmen Ochoa, Dolores Puente, Margarita Serna y al restaurante El Marinero de la villa de Castro -Urdiales su colaboración con Desmemoriados para la realización de este artículo.





