TRIBUNA DE OPINIÓN

Todos son iguales”. Es el argumento perfecto para que todo siga como está. Desde que saltaron  a los medios de comunicación las informaciones acerca de los sobres con los que el ex tesorero del Partido Popular obsequiaba a los altos cargos de esta formación política, la indignación ciudadana no ha hecho otra cosa que crecer en la misma medida que su certeza de que nos han estado expoliando sistemáticamente desde hace décadas.

Mariano Rajoy, el presidente que prometió dar la cara, nos sorprendió este sábado con una comparecencia, por llamarla de alguna manera, que sólo causó vergüenza.

Un presidente temeroso, pretendidamente firme, acorralado por sus propias mentiras y la presunta corrupción institucionalizada en las más altas instancias de su partido y que dió poca o ninguna muestra de ese coraje y determinación que nos exige a los ciudadanos.

Porque a nosotros se nos han impuesto sacrificios onerosos, inasumibles en una sociedad solidaria e igualitaria y lo que es peor, se nos han impuesto desde un gobierno que se está demostrando, en el mejor de los casos inoperante, y en el peor, corrompido hasta lo más hondo.

Señor Rajoy: la mera sospecha que pende sobre su partido, sobre sus más significados miembros y sobre usted mismo debería haberle impulsado a presentar su inmediata dimisión. Pero una vez más demuestra que la dignidad no siempre va aparejada al cargo y siguen ustedes enredándose en sus embustes, en poner los ventiladores en marcha y lo que es más grave, en hacer pagar a los más débiles su continuado latrocinio.

Han acusado ustedes a los trabajadores, a los parados, a los pensionistas, incluso a los dependientes de su fracaso y de su impudicia y no han dudado en castigarnos con todo tipo de medidas que en muchos de los casos cuestionan la constitucionalidad  de las mismas.

Muchos incluso las han justificado mientras las sufrían, puesto que desde el Gobierno de la Nación se nos insistía una y otra vez que era la única salida. Las últimas semanas han abierto los ojos a una población estrangulada con decisiones cuya carga ideológica era más que evidente. Siempre se ha tratado de lo mismo. Hay una parte de la ciudadanía sacrificable. Somos prescindibles. No aportamos valor añadido a las cuentas corrientes de quienes llegan a la política como algún personaje ya reconoció “a forrarse”. 


Señor Rajoy: Si le queda un ápice de decencia, dimitirá y convocará elecciones. Si su partido siente como dice, que su honorabilidad se ha puesto en entredicho, emprenderá acciones judiciales,pero usted lo hará como presidente de ese su partido y no como presidente de todos los españoles. No someta al país a la vergüenza de ver cómo sus más altas instituciones se degradan cada día más. 


Su famosa “Marca España” no la dañan las protestas de los indignados por las cotidianas injusticias que usted y su gobierno han querido convertir en normalidad. La dañan los trapicheos, las componendas, la nula transparencia y sus mentiras. La daña su incapacidad para encarar una crisis, que muchos creemos estafa, sin terminar de destrozar a los que más necesitan auxilio y apoyo de las instituciones, al tiempo que acoge en sus brazos a defraudadores, delincuentes declarados.

En definitiva Señor Rajoy. No está usted en posición de seguir siendo mi presidente. Y como ciudadana, se lo exijo. Dimita y dejemos abrir las ventanas para ventilar tanta podredumbre. Alguien habrá más capaz y más honrado.


Alma Camacho
Miembro del Consejo Regional de LA UNIÓN y
representante de la Agrupación Local de Reinosa.

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